Las inundaciones que castigan desde marzo a Bragado y buena parte del centro bonaerense desataron un fuerte reclamo de los productores rurales, que acusan al municipio de “inacción” frente a un panorama crítico. Con caminos rurales convertidos en ríos, campos anegados y animales muertos por el agua estancada, la desesperación se mezcla con la sensación de abandono.
El exceso hídrico no solo paralizó la actividad agrícola y ganadera, sino que también genera un riesgo sanitario. “Tenemos animales que se están muriendo por el agua estancada. Esto levanta bacterias que vienen aguas arriba y las vacas son muy sensibles, no te da tiempo a reaccionar”, describió Bordeu. En su caso, el camino hacia su campo -a apenas 12 kilómetros del casco urbano- es hoy “un río”, y para llegar debe dar una vuelta de 50 kilómetros.
Amenaza de rebelión fiscal
El reclamo del sector también apunta al costo de la tasa vial, que los productores califican como “impagable” frente a la falta de obras. Bordeu estimó que un campo de 500 hectáreas paga entre 5 y 7 millones de pesos por mes, y que, pese a la emergencia, el municipio aplicó un aumento del 25 %. “El hombre de campo quiere salir adelante, pero no puede. Nos bloquean las cuentas si no pagamos, aunque no tengamos caminos para sacar la producción”, sostuvo.
La situación llevó a que un grupo de productores enviara una carta documento al municipio, exigiendo respuestas y advirtiendo que podrían impulsar una rebelión fiscal si no se concretan las obras prometidas. Tras el ultimátum, el intendente de Bragado realizó su primera recorrida aérea por las zonas anegadas. “Recién salió en helicóptero a ver los campos después de que venciera el plazo de 72 horas”, contó Bordeu, en tono crítico.
Una “gran olla”
Los productores señalan que el problema de fondo es estructural y requiere planificación regional. Según Bordeu, el agua que llega desde el partido vecino de 9 de Julio queda atrapada en Bragado porque las vías del tren y una laguna cercana impiden su escurrimiento hacia Mechita. “Mientras todo eso no se arregle, Bragado va a seguir siendo una gran olla que recibe el agua y no la puede sacar”, explicó.
La falta de obras afecta directamente a la vida de las familias rurales y de los trabajadores que deben recorrer decenas de kilómetros por caminos destruidos. “Hay mucha gente que no es escuchada y la está pasando mal. El agua está a metros de las casas”, dijo la productora, quien subrayó que su reclamo “no es egoísta”, sino un pedido por “hechos concretos y por el futuro productivo del país”.
Un impacto millonario
El cálculo se basa en los costos directos y márgenes brutos publicados en Márgenes Agropecuarios, e incluye tanto la agricultura como la ganadería: 2,25 millones de hectáreas agrícolas y 2,25 millones de hectáreas ganaderas. “Son 1.161 millones de dólares de inversión no realizada y 1.305 millones de margen bruto que queda en suspenso”, detalló Iturriaga.
El productor advirtió que el efecto multiplicador de la crisis afecta también a las economías locales. “Lo que no se invirtió por estar tapado de agua no es plata que pierde solo el productor: es plata que pierde el del gasoil, el contratista, el que vende insumos. Es plata que no se movió en el pueblo y que no va a estar el año que viene”, resumió.
La emergencia sin respuesta
La crisis de Bragado se inscribe en un contexto más amplio de vulnerabilidad hídrica en la provincia de Buenos Aires, donde la alternancia entre sequías e inundaciones expone la falta de planificación a largo plazo. En ese marco, los productores reclaman un cambio de enfoque: “No pedimos subsidios -dicen-, pedimos obras”.







