Es doloroso ser testigo de lo que está pasando, pero la capacidad de hacer un impacto real me mantiene en marcha. El mayor desafío es aferrarse a la esperanza: que nosotros, como seres humanos, podemos ayudar a estos niños, incluso después de todo lo que han sufrido. He visto a niños perder extremidades, necesitar cirugías, y luego crecer hasta convertirse en adultos que cuidan a los demás, que forman familias, que viven vidas plenas. Eso es increíblemente gratificante.

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